Carisma y Espiritualidad

La Hija de S. José expresa en la vida cotidiana una específica semejanza con el Dios de la Eucaristía, modelando su propia existencia para ser como El. Prolonga la vida de Jesús a través del don de su vida en total humildad, disponibilidad y oblación al Padre por los hermanos. Resuenan las palabras de S. Pablo:

“Os exhorto a ofrecer vuestros cuerpos como un sacrificio vivo, santo y agradable a Dios; es este vuestro culto espiritual (Rom. 12,1)

De este modo hacemos realidad el deseo del padre Fundador de amar y hacer amar, honrar y hacer honrar, servir y hacer servir a Dios en el Sacramento del Altar.

 

De este modo hacemos realidad el deseo del padre Fundador de amar y hacer amar, honrar y hacer honrar, servir y hacer servir a Dios en el Sacramento del Altar.

“El espíritu que anima la Congregación y que determina la fisonomía dentro de la Iglesia, es el espíritu de fe, de amor, de sacrificio y de servicio a Jesús Sacramentado”. (Constituciones nº 3)

Las Hijas de S. José consagran su vida al culto del misterio eucarístico y, allí donde están presentes, no dejan pasar ninguna ocasión para manifestar la propia fe y el propio amor por Jesús Sacramentado. De la Eucaristía celebrada a la Eucaristía vivida, se encuentra la motivación y el punto de convergencia para consolidar los vínculos de fraternidad y de comunión y formar un solo corazón. Este es el secreto para garantizar la fecundidad de cada acción que la religiosa está llamada a realizar.