En el tiempo de la Navidad, mientras el año llega a su fin, sentimos la necesidad de detenernos y releer el camino recorrido. La Navidad no interrumpe la historia, sino que la atraviesa con discreción, ofreciendo una luz sencilla para comprender lo vivido y para mirar con confianza lo que viene.
El 2025 se cierra como un año particularmente rico de significado. Ante todo, ha sido el año del Jubileo, un tiempo que ha invitado a la Iglesia a ponerse nuevamente en camino y a renovar la responsabilidad del testimonio cristiano en la vida cotidiana. En este horizonte se sitúa el camino de las Hijas de San José de Rivalba, que han vivido este año como una oportunidad de gratitud y de relectura de su propia historia.
El 12 de noviembre de 2025 se celebraron los 150 años de la Fundación del Instituto, un aniversario que permitió volver a recorrer los orígenes y reconocer la fidelidad de Dios a lo largo de las generaciones. En el centro de esta memoria permanece la figura de Clemente Marchisio, el Fundador, cuya intuición continúa orientando el presente. Sus palabras sobre la Navidad ayudan aún hoy a comprender el estilo con el que Dios se manifiesta:
¿A quién llamó primero Jesús a su pesebre? ¿Acaso a los ricos, a los grandes, a los sabios? Él, humilde, rechaza el boato del mundo. Unos pocos pastores que velaban su rebaño fueron los privilegiados. Jesús quiere llamarnos también a nosotros
A lo largo del mismo año se recordó también otro aniversario significativo: los cien años de presencia en el Vaticano al servicio de la Basílica de San Pedro, un servicio vivido a lo largo del tiempo con continuidad, discreción y cuidado por parte de las Hijas de San José de Rivalba.
El 2025 estuvo además marcado por el XXIV Capítulo General, cuyo tema fue PEREGRINAS DE ESPERANZA – Mirando más allá con el corazón para comunicar a cercanos y lejanos el don de la Eucaristía, que representó un tiempo de escucha, diálogo y responsabilidad compartida. De este camino surgió un cambio de gobierno, confiado a la oración y a la confianza de toda la familia religiosa, como un paso natural en el caminar del Instituto.
Todo esto se entrelazó con la vida ordinaria de las comunidades en los distintos países donde el Instituto está presente: en Italia, México, Argentina, Brasil y Nigeria. Lugares y contextos diferentes, unidos por el deseo de vivir el carisma con fidelidad, sencillez y atención a las personas.
La Navidad se presenta así como un tiempo de equilibrio y de síntesis. No cierra simplemente un año lleno de acontecimientos, sino que ayuda a captar su sentido más profundo. Dios continúa haciéndose cercano no en los momentos extraordinarios, sino en la vida cotidiana vivida con cuidado y responsabilidad.
Con este espíritu, la Navidad se convierte en una ocasión para agradecer, para confiar y para recomenzar.
Nuestro deseo es que el nacimiento de Jesús acompañe el paso entre los años y sostenga el camino futuro con una esperanza capaz de traducirse en gestos sencillos y fieles cada día.
¡Feliz Navidad!
¡Feliz Navidad!